El “Cant de la Sibil·la”: una identidad cultural

Marina Serra

Esmuc 2013/2014

 

Mi objetivo es profundizar en los orígenes de este drama litúrgico que fue tan popular en el Occidente Medieval. ¿Que és una Sibila? ¿Cual fue su función en la cultura griega y hebrea y como evolucionó, hasta convertirse la Sibila Eritrea en una  voz al servicio de la Iglesia cristiana como una más de sus profetas?. El tema está inspirado en los temores del fin del mundo, utilizados por la Iglesia para aleccionar al pueblo. A pesar de su difusión por Francia, Italia, España, Áustria o Portugal, tan solo se considera tradición en dos lugares: Mallorca y el Alguer. Tomaremos estos dos territorios para hacer un pequeño estudio comparativo entre las similitudes y diferencias tanto de la práctica musical como de las  fuentes escritas.

He aquí un vídeo del Cant de la Sibil.la en la Catedral de Palma de Mallorca, que junto con la del Monasterio de Lluc, son las más destacadas.

 

Nacimiento e historia

Para comprender este canto y todo su recorrido hasta como hoy lo conocemos, lo primero que hemos de hacer es conocer a su gran y única protagonista, es decir, la sibila.
Fueron unos personajes femeninos, propios de la antigüedad griega y romana, a las que se les atribuía el don de la clarividencia. Esta facultad iba estrechamente ligada al conocimiento que los sacerdotes clásicos tenían de los ciclos anuales de la tierra y los astros. Habían heredado la sabiduría de ciertas culturas ancestrales donde la mujer era la fuente de la fertilidad, tanto humana como agraria.
El oráculo fue un pilar básico de la religiosidad griega y romana. La sibila, una pitonisa generalmente anciana y virgen que vivía en cavernas, era la encargada de leer el futuro. Lo hacía bajo los augurios del dios Apolo, identificado con el sol, la medicina y la adivinación. La sibila emitía el oráculo mediante sonidos incomprensibles que sólo sabían interpretar los sacerdotes, que escribían los augurios en forma de enigmáticos versos, a menudo con doble sentido.
Hubo muchas sibilas, algunas tan importantes como la de Delfos, gozaban de gran prestigio e incluso, en la época de los primeros cristianos, se les reconocía cierto espíritu profético inspirado por Dios para difundir el mensaje evangélico.
Más tarde, en la Edad Media y con la expansión del cristianismo por toda Europa, la sibila fue considerada como una figura propia del paganismo griego. Sin embargo, el prestigio que tenía en el imaginario colectivo de la época y la influencia de los textos sibilinos, leídos en la liturgia y falsamente atribuidos a San Agustín, hicieron que se incorporase a las celebraciones cristianas. Aunque desde entonces ya no emitía oráculos, sino que era la Iglesia la que ponía los mensajes en su boca, anunciando el juicio final del libro del Apocalipsis y la nueva de la llegada del Mesías.
En el siglo V dC, el obispo de Cartago escribe el Sermo de Symbolo, atribuido erróneamente a San Agustín, quien sólo haría una transcripción. Este sermón lo cerraba la sibila, recitando un pasaje apocalíptico de los oracula sibyllina.
El proceso de dotar de música a estos versos debió ser correlativo al momento en el que el Sermo de Symbolo pasó a formar parte de la liturgia y, a partir del siglo XI, es costumbre que la sibila recite cantando su parte. Más adelante, se le pondrá música a todo el conjunto. En el siglo XII, la inclusión del sermón en la liturgia de Navidad, se convierte en tradición. Especialmente en Francia, Cataluña y alrededores.
Se estima que las primeras versiones en catalán del canto de la Sibila fueran del siglo XIII, ya que los primeros testimonios los encontramos en el siglo XV en la catedral de Barcelona. Tras la conquista de Mallorca por parte del rey Jaume I, el canto llega a la isla y, nueve años más tarde, a Valencia. En ambos territorios se implanta la liturgia practicada en el reino de Cataluña y Aragón.
Es sabido que, en el siglo XVI, la Sibila se convierte en un acto festivo, propio de Navidad y desvinculado, en parte, del carácter litúrgico y religioso que había adquirido. Por otro lado, su extraordinaria popularidad hace que pase a ser cantado en otras festividades de especial relevancia.
Con el Concilio de Trento (1545-1563), se inicia la Contrarreforma, que supone que el canto de la Sibila pase a ser considerado contrario al carácter propio de la misa y será excluido de ella hasta desaparecer casi completamente. Sólo conseguirá sobrevivir, y no sin dificultades, en Mallorca y el Alguer( Cerdenya).
Aquí, entre el siglo XVI y el XVII, habrá una serie de obispos que tomarán decisiones contradictorias sobre la Sibila. Finalmente, en 1692, y ante las presiones populares, el arzobispo Pere d’Alagó autoriza de nuevo la interpretación del canto y da la solución que se mantendrá hasta nuestros días: que sólo se represente durante la vigilia de Navidad.

 

La Sibila en Mallorca: símbolo de identidad cultural

La partitura más antigua del canto que se conoce en Mallorca fue hallada en el monasterio de la Concepció y data del 1932.
La existencia de numerosas variantes melódicas del canto en las diferentes poblaciones y parroquias de Mallorca han incrementado la riqueza de este bien cultural. Sin embargo, esta gran variedad se organiza básicamente en torno a dos variantes fundamentales: la del santuario de Lluc y la de la mayoría de iglesias de Mallorca.
Como ya se ha dicho, el canto se incluye en la misa de les Matines, que se celebra en la vigilia de Navidad en Mallorca y que consta de tres elementos tradicionales: el sermón de la Calenda, el anuncio del ángel y la Sibila, siendo este último el más relevante.
El canto de la Sibila que se representa en las iglesias mallorquinas conserva unos rasgos que consisten básicamente en un personaje con distintivos propios que, desde un lugar bien visible del templo, entona un canto cuyo mensaje se basa en un texto del siglo XIII, con un número desigual de estrofas y con contenidos ligeramente diferentes. La versión más consensuada es la que publican Antoni Maria Alcover y Francesc de Borja Moll en la entrada de la sibila del Diccionari català-valencià-balear.
Hablar de la Sibila es hacerlo de toda una puesta en escena que tiene un tono solemne muy marcado: siempre el birrete (a menudo con plumas), una túnica blanca, una capa de un color vistoso (normalmente bordada) y, sobretodo, la espada (ondulada que intenta parecer flamígera). El sibilero o sibilera sostiene la espada verticalmente y centrada, con la hoja hacia arriba, otorgándole a la escena el tono grave y amenazador que requiere el contenido apocalíptico de la letra que entona.
Cada estrofa del canto está precedida por un interludio musical y hay tantos como estrofas cantadas. Tienen tanto la finalidad de conceder unos segundos de reposo a la Sibilera, como de marcar la secuencia ritual de entrada y salida del personaje. En la mayoría de las iglesias se usa el órgano para hacer sonar estos interludios, ya que es el instrumento litúrgico por excelencia.
Al acabar el canto, la Sibila bendice a los feligreses haciendo la señal de la cruz con la espada.
En cuanto a la elección de las voces para representar a la Sibila en su canto, se tiende a la impostación académica de la voz, pero esto es relativo. Así, en la catedral es obvio que es preferible que la representación corra a cargo de una soprano con un gran timbre y potencia sonora. O en el santuario de Lluc, en el encargado es un miembro destacado de la escolanía. Mientras, en las parroquias de barriada de Palma o en los pueblos, la Sibila puede ser interpretada por cualquier voz blanca.
Históricamente, la Sibila eran niños (pueri cantore) vestido de mujer. Si no había niños aptos, lo hacían los sacerdotes, también caracterizados con lujosos vestidos de mujer. En la actualidad, un gran número de Sibilas son mujeres o niñas. La masculinidad sólo es imperante en el caso de las escolanías.
La Sibila mallorquina hoy es un símbolo identificador, debido al rasgo de exclusividad que tiene en la isla que, junto a la ciudad de Alguer (en la isla de Cerdeña), es continuadora de esta tradición. Este hecho fue ratificado el 16 de noviembre de 2010, cuando el canto de la Sibila se incorpora al catálogo de la UNESCO de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, consiguiendo hacerlo visible internacionalmente.
El canto de la Sibila hoy se ha convertido en un fenómeno social muy relevante: se representa en todas las iglesias de Mallorca y en los últimos tiempos ha devenido en un “producto” cultural reconocido que genera actitudes y valores diversos.

 

LETRA.

Lo jorn del Judici

parrà qui haurà fet servici.

Jesucrist, Rei universal,

home i ver Déu eternal,

del cel vindrà per a jutjar

i a cada u lo just darà.

Gran foc del cel davallarà;

mars, fonts i rius, tot cremarà.

Los peixos donaran grans crits

perdent los naturals delits.

Ans del Judici l’Anticrist vindrà

i a tot lo món turment darà,

i se farà com Déu servir,

i qui no el crega farà morir.

Lo seu regnat serà molt breu;

en aquell temps sots poder seu

moriran màrtirs tots a un lloc

aquells dos sants, Elies i Enoc.

Lo sol perdrà la claredat

mostrant-se fosc i entelat,

la lluna no darà claror

i tot lo món serà tristor.

Als mals dirà molt agrament:

-Anau maleïts, en el turment!

anau-vos-ne en el foc etern

amb vòstrom príncep de l’infern!

Als bons dirà:-Fills meus, veniu!

benaventurats posseïu

el regne que us he aparellat

des que lo món va esser creat!

Oh humil Verge! Vós qui heu parit

Jesús Infant aquesta nit,

a vòstron Fill vullau pregar

que de l’infern vulla’ns lliurar!

Lo jorn del Judici

parrà qui haurà fet servici.

 

 

La Sibil·la de Lluc

 

 

La Sibil.la a l’Alguer, año 2010.

 

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